¿Qué hacer cuando me siento lejos de Dios?
A veces sentimos que hemos perdido el camino o que no merecemos volver. Descubre en la parábola del hijo pródigo cómo el abrazo de Dios te espera hoy.
¿Qué hacer cuando me siento lejos de Dios?
"Cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó." (Lucas 15:20)
¿Alguna vez has sentido que tus errores te han alejado demasiado de casa? En nuestras ciudades, donde el ritmo de vida es frenético y la incertidumbre económica a veces nos hace sentir que debemos "ganarnos" nuestro lugar, es fácil caer en la trampa de pensar que Dios nos mira con decepción. Muchos de nosotros, al liderar un pequeño grupo o simplemente al caminar en la fe, sentimos el peso de no ser lo suficientemente "buenos".
El hijo menor de esta historia pensó que su valor dependía de lo que tenía o de lo que podía ofrecer. Pero cuando regresó, no encontró un juez, sino a un padre que corría hacia él. El verbo clave aquí es esplagchnisthē (ἐσπλαγχνίσθη, esplagchnisthē), que significa "ser movido a compasión desde las entrañas". No fue una lástima superficial; fue un dolor profundo y un amor visceral que no pudo esperar a que el hijo terminara su discurso de disculpa.
Tu situación actual, por difícil que sea, no es un impedimento para el abrazo del Padre. Él no está esperando a que arregles tu vida para amarte; Él está esperando a que vuelvas para restaurar tu identidad. A veces, la mayor barrera entre nosotros y Dios no es nuestro pecado, sino nuestra incapacidad de creer que Él realmente nos ama sin condiciones.
Una práctica para hoy: Hoy, dedica cinco minutos a estar en silencio. No intentes orar con palabras elocuentes. Simplemente imagina al Padre corriendo hacia ti, no para reprocharte, sino para abrazarte. Si sientes culpa por algo, entrégaselo y repite: "Soy amado por quien soy, no por lo que hago".
Oración: Padre, gracias porque tu amor no depende de mis méritos. Ayúdame a dejar de huir de tu presencia y a descansar en la seguridad de que, sin importar cuán lejos me sienta, tu mirada siempre está puesta en el camino de mi regreso. Amén.
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